lunes, 12 de marzo de 2012

EL HUNDIMIENTO DE LA FLOTA 3

- Menos mal que llega ya, señor Núñez. Hemos encontrado a éste con una licencia falsa.- Señalaron a un hombre de mediana edad. - Asegura que un tal Velasco, que decía que iba para las Indias pero que al final se había arrepentido, se la ha vendido por veinte ducados.
- Métanlo en la cárcel y busquen inmediatamente a ese Velasco -ordenó con tono de triunfo Juan Núñez de Illescas.
    No fue difícil encontrar a Velasco que, sin sospechar del peligro, seguía vendiendo cédulas por Sanlúcar. Los interrogatorios fueron muy duros y Velasco, con tres dientes menos, confesó que su socio era Andrés Veneciano. Un destacamento al completo enfiló sus caballos hacia la posada donde vivía el falsificador. La mujer del perseguido, Lola, preparaba un cocido en la lumbre. La irrupción de las autoridades le hizo chillar. Dos soldados la sujetaron mientras el capitán del destacamento averiguaba el paradero de su marido.
    - No sé dónde está, se marchó hace dos días y no ha vuelto.

    - Mentirosa- le insultó el capitán pegándole en la cara un fuerte manotazo que le hizo trastabillar.

    - No lo sé.
      Siguió insistiendo Lola con la boca ensangrentada por el golpe que le había partido el labio inferior.
      - Mire, capitán, lo que hemos encontrado - gritó emocionado un soldado desde la habitación del matrimonio y acto seguido salió con dos cajoncillos de madera seguido de su compañero que llevaba dos esportillas de palma.

      El capitán señaló la mesa y pusieron en ella los cajones que contenían trozos de madera tallados, varias estampas de yeso con los sellos reales, un punzón, tinta y papeles. En las esportillas enrolladas había cinco cédulas con diferentes nombres para pasar a Indias, en el reverso tenían la firma del Rey y las rúbricas del Consejo de Indias. Había también algunas hojas de papel punzadas para conseguir provisiones y un pliego entero con las firmas del Consejo de Castilla, refrendadas por el secretario y diferentes signaturas de escribanos públicos. En un segundo pliego aparecían las rúbricas del Conde de Badajoz y otros notables.
      - ¿Qué tiene que decir ahora?

      - Yo le dije que no estaba bien, que le cogerían pero no me hizo caso - se disculpó la mujer sin mucho convencimiento. - Pero no sé dónde está, de verdad. Hace dos noches que no duerme en casa, se marchó con varias licencias.
        La esposa de Veneciano ingresó en prisión aunque estaban convencidos de que no sabia nada sobre el escondite de su marido. Andrés era listo y llevaba muchos años eludiendo a la Justicia. Cuando se enteró del crimen del campamento, supo que iba a tener dificultades y decidió desaparecer. Falsificó muchas licencias para conseguir dinero rápido, algunas con más fallos de lo habitual por las prisas, y dos días antes, como Lola juraba, se esfumó. Sus compinches no fueron tan precavidos. Además de Velasco, cayó Sebastián de Barrameda, que ayudaba a vender las cédulas. Éste declaró que Veneciano era su amigo y le dio una licencia para escapar a las Indias pues tenía problemas en la ciudad por antiguas deudas pero que él prefirió unirse al negocio. Que así había conseguido vender unas diez por veintidós ducados cada una, una tercera parte de lo obtenido se la daba a Veneciano.

        El contador se quedó con una de las cinco licencias para cotejar de nuevo todas las cédulas de los pasajeros y apresar a cualquiera que tuviera un papel con firmas parecidas. Las restantes las mandó a la Casa de la Contratación a Sevilla para que las enviaran, a su vez, a Madrid.
        Todos estos hechos ocurrieron en menos de una semana. En medio de tantos problemas y sin que el tiempo fuera sereno, las naos Capitana y Almiranta y otras cinco naves, remolcando a igual número de galeras, consiguieron atravesar la barra de Sanlúcar. Los vientos eran cada vez más recios y el resto de la flota se quedó en el río sin poder salir debido a los remolinos que giraban en la desembocadura del Guadalquivir. El temporal empeoró. Los grandes navíos, que no podían continuar el viaje sin el resto de la flota, tenían grandes dificultades para permanecer anclados en alta mar.

        No hay comentarios:

        Publicar un comentario