lunes, 19 de marzo de 2012

EL FRACASO DE ALFARO 4

- ¡Mierda!

El doctor Sande se paseaba furioso por el despacho de las Casas Reales. Luis de Sahajosa abrió la puerta, había recibido un mensaje urgente del gobernador.
- ¿Qué pasa, Francisco? Estaba hablando con los capitanes de la flota que ha llegado de Nueva España.
    Le asustó el estado de nerviosismo y cólera de su amigo.
    - ¡Ojalá se los hubiera llevado por delante un huracán! ¡Malditos sean! Así me pagan mis desvelos...- dijo Sande tirando las cartas oficiales que tenía en la mano.

    - Vamos a ver, Francisco, tranquilízate y hablamos como seres civilizados.
      Sahajosa se acercó al gobernador y de un suave empujón lo sentó en la silla que momentos antes estaba tirada en el suelo. Cogió las cartas desparramadas por el escritorio y comprendió el enojo de su compañero. –
      - Así que, según leo, Su Majestad se niega a iniciar la conquista de China. No sé por qué te enfadas tanto.
      - Eso no es lo importante, sigue leyendo o mejor te lo cuento yo.
        Sande sacó un pañuelo de seda de su bolsillo y se secó la cara y las manos. Su cara tenía un rictus fiero.

        - Se acaban nuestros días en Manila. En esta Real Cédula me dicen que Gonzalo de Ronquillo vendrá con no sé cuántos hombres y que en premio a esa idea tan original, el cargo de Gobernador de estas Islas recae en su persona de por vida. ¡Le han dado a ese mariposón de salones el cargo vitalicio de gobernador! Me pide, gentilmente Su Majestad ¡mal rayo lo parta! que ayude a mi sucesor en lo posible y regrese a Nueva España.
        - ¿Gonzalo de Ronquillo? ¿El antiguo alguacil Mayor de México? ¿Pero no había regresado a España? - El maestre de campo se había quedado sin voz.

        - Sí. Y parece que ha aprovechado bien el tiempo en la Corte. Ya veo al afeminado de su primo sacando información a las esposas de los miembros del Consejo de Indias para ver el modo de asestarme esta puñalada. Me odia desde que le quité a Matilde. ¿Te acuerdas de aquella chamaca?
          Sahajosa le arrebató la Real Cédula y la leyó palabra por palabra.
          - Y eso no es todo. Han llegado hasta cinco cartas de distintas fechas y en ellas me obliga a devolver a Lavezaris y a los demás las encomiendas, que los trate bien, que les pague los salarios. ¡Esos chivatos lenguaraces!
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            Mientras en Sanlúcar, las esperanzas de salvar la nao Capitana se hundieron con ella, sólo pudieron recuperarse siete piezas de artillería y otras veinticuatro menores. Era imposible conseguir dos nuevos barcos grandes con la rapidez que se precisaba, no hubo más remedio que reorganizar la flota con los navíos que quedaban. El barco más pesado fue nombrado nao Capitana y en él volvió a embarcar Gonzalo de Ronquillo a mitad de abril de 1.579; otro de los navíos fue nombrado Almiranta. La primavera había cubierto de verde los campos, el tiempo era desde comienzos del mes apacible. Desencantados pero con nuevos bríos, la flota que llevaba a los 500 pobladores de Filipinas que no se habían ahogado, puso rumbo a un nuevo destino, a Tierra Firme. El sol coloreó las cenicientas caras de los supervivientes de la catástrofe de la desembocadura del Guadalquivir.

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