martes, 7 de febrero de 2012

EL DESCONTENTO 4


Rodrigo de Frías y Esteban Rodríguez de Figueroa controlaban la descarga del barco chino que esa mañana había atracado en Manila. A unos pasos de ellos, Andrés de Cauchela y Guido de Lavezaris los espiaban con descaro.
-         Si ellos no disimulan, no lo vamos a hacer nosotros –afirmó categórico Cauchela.
Los dos comerciantes los miraban con una sonrisa burlona mientras daban instrucciones para que no se deteriorara la carga. En tono desafiante leían la lista de lo que iba descendiendo por una rampa a hombros de indios semidesnudos. "Muy bien, diez jarrones de porcelana. ¿Qué pone aquí, Esteban?" preguntó Rodrigo de Frías. "Ming" le contestó el avispado soldado. "Pues eso, diez jarrones de porcelana Ming. Una cómoda lacada en rojo, platos, vasos. ¡Cuidado desgraciados! Son unos torpes, van a romperlo todo. Sillas, varias mesas y eso qué es... ah, el cabezal de la cama. Cuando terminen de descargar los muebles, comprobaremos el resto de la mercancía. A ver si se marchan esos" dijo bajando el tono de voz.
-         Parece que el gobernador va a dormir en una mullida cama a partir de ahora - dijo con sorna Lavezaris. - ¡Qué desfachatez! Enviar a esos dos miserables para tapar sus negocios y los del maestre de campo. Los gobernadores deben vigilar la hacienda de Su Majestad, no hacer negocios privados.
-          Pues no deben pero llenaron con sus mercancías el Santiago y el San Felipe y seguirán llenando los barcos que vengan, impidiendo a los comerciantes honrados que se puedan ganar el pan. Y eso, sin olvidar lo que está pasando con la almoneda.- Cauchela comenzó a andar. -Ya hemos visto suficiente.
-         Sí, nos ha salido muy astuto. Al hacer que la venta de mercancías no se pueda dividir y sacar en partidas pequeñas, sólo él y su compinche pueden apoderarse de ellas. Nadie tiene dinero para pujar por lotes tan grandes. Esos dos lo tenían muy claro cuando llegaron. No sé el tiempo que estarán pero se irán de aquí forrados de oro. El día que leyó las ordenanzas me olí algo raro pero no podía pensar que llegaran a tener tanta cara dura. Aunque me revuelva las tripas decirlo, es muy inteligente. Nunca hubiera pensado que con un puesto de gobernador se pudiera hacer fortuna. Sande me lo ha enseñado.
-         Y va a haber otro problema corno no cambien las cosas, que no lo parece. Los hombres se han dado cuenta de que Sande no les va a hacer sitio en los navíos, dentro de poco ni se molestarán en ir a la almoneda, ni mucho menos pujar. Todo se pudre en los almacenes, hasta las mantas se estropean con este clima. Entonces, Sande y Sahajosa conseguirán los productos casi regalados y su beneficio se disparará cuando los vendan en México, porque no creo que se atrevan a intentarlo en España. Esto me lleva a algo que me ronda en la cabeza noche tras noche, tienen que tener alguien en Acapulco que les negocie las ventas; una tapadera como Frías y Rodríguez de Figueroa aquí.
-         Andrés, no te calientes más los sesos. La única solución es hablar con Su Majestad. Ayer tuve una conversación parecida con los capitanes y les animé a que escribieran ellos también. Me han dicho que esta misma semana mandarán una carta a Su Majestad y que contarán incluso los negocios del gobernador. Dicen que ellos ya lo han perdido todo, que no tienen ni para zapatos.

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