martes, 20 de diciembre de 2011

EL CERCO DE PANGANSINAN 7

- Os he reunido aquí porque quiero pedir vuestra opinión sobre una idea que lleva tiempo rondándome en la cabeza.

El gobernador Lavezaris había mandado llamar al Padre Martín de la Rada, a Miguel de Luarca y a los oficiales reales. Todos se apiñaban en el minúsculo despacho de las Casas Reales.
- Nuestro querido Martín de Goiti, que en paz descanse, estaba de acuerdo conmigo, pero no me atrevo a seguir mi voluntad sin hablar antes con vosotros. Desde hace años he estado pensando en la conveniencia de mandar una embajada de paz al Reino de China. Las relaciones comerciales y los lazos, que cada día se estrechan más, lo hacen aconsejable.
    Un murmullo de aceptación se elevó de los asistentes a la reunión.
    - Creo que ahora, que tenemos a Li- Ma- Hong bien sujeto y que el capitán Oumoncon regresa para informar de la situación del cerco, sería un buen momento para que alguno de vosotros le acompañe y ofrezca nuestra amistad y cooperación a las autoridades de China. Me he tomado la libertad de escribir una carta para Su Majestad el Rey de los chinos. En ella le cuento que ya llevamos aquí 5 años y que siempre hemos protegido a los mercaderes chinos. Le cuento lo del cerco de Li - Ma -Hong y afirmo en ella que en un par de meses estará preso o muerto. ¿Qué os parece?
      El primero en contestar fue Andrés de Mirandola, factor de Su Majestad. "Me parece muy acertada la decisión pero sería conveniente enviar algunos presentes. Ya sabes, Guido, cómo son estos chinos y lo que les gustan los regalos". Todos estuvieron de acuerdo. Miguel de Luarca insinuó cuál podría ser uno de esos regalos. "En Pangansinan hay setenta rehenes entre mujeres y niños. Sabemos que Li- Ma- Hong no está dispuesto a negociar con ellos; por tanto allí son un estorbo para nuestros hombres que deben vigilarlos y además alimentarlos. Podríamos entregárselos al Rey de China; al fin y al cabo son súbditos suyos". La insinuación suscitó una calurosa ovación. Salvador de Aldave, tesorero real, hizo la pregunta que todos tenían en mente: "¿Quiénes son los elegidos?"
      - Bien, he pensado en el Padre Rada, que nos acompaña. Es una persona estudiosa y puede ser de mucha utilidad que nos traiga informes y descripciones de ese gran país. Usted, Padre Rada, puede elegir al compañero que desee. También tú, Miguel- dijo señalando a Luarca-. Y Pedro Sarmiento, alguacil mayor de Cebú, que está ayudándome desde que lo hice venir en marzo cuando comenzó el cerco.

      No hay comentarios:

      Publicar un comentario