jueves, 10 de mayo de 2012

LOS PRIMEROS CONQUISTADORES DE FILIPINAS

Hace años con intención de escribir una novela histórica tuve la suerte de investigar durante varios meses en el Archivo de Indias de Sevilla. Allí hay guardada gran parte de la historia de España, de la conquista de América. Entonces no existía todavía eso que ahora tan obvio nos parece que es la digitalización. Tuve en mis manos las auténticas cartas que se enviaban hace siglos, algunas casi se deshacían en las manos. Es increíble cómo aquellos hombres detallaban todo hasta cuántos tornillos iban en cada barco. No sabía muy bien sobre qué época escribir, tampoco qué historia contar. Mi primera idea era investigar y ver algo sobre México, Colombia. Pero se cruzó en mi investigación la palabra Filipinas, allí estaban también todos los documentos relativos a la conquista de esa parte tan olvidada del Imperio de Felipe II, enamorada como soy del mundo oriental supe al instante que tenía mi historia. Pronto me familiaricé con nombres como Legazpi, el doctor Sande, Martín de Goiti o Andrés de Cauchela. Tras meses de investigación me senté a escribir y salió una novela histórica y de aventuras que recoge lo que pasó en aquellas islas durante 5 años, de 1575 a 1580. Manila apenas era un conjunto de chozas, estaba amenazada por un pirata chino que volvió loco a su Reino, se llamaba Li.Ma-Hong. Junté datos reales con otros novelados.
Una vez acabada la envié a un par de concursos, que evidentemente no ganó, y se me olvidó su existencia. Hoy se me ha ocurrido utilizar este blog como una herramienta para que aquellos interesados en la historia de ese país puedan saber cómo fueron sus comienzos de una manera espero que amena. A la vez la pongoa vuestra disposición como se hacía antes, por entregas. Debajo de esta entrada, a lo largo de más de cien podréis conocer cómo se vivía en Filipinas a finales del siglo XVI, qué personajes se movían por esas lejanas islas y podréis disfrutar de una novela histórica y de aventuras.

viernes, 20 de abril de 2012

PUBLICADA EN AMAZON

Una vez terminada la novela, he decidido autopublicarla en amazon. Desde mañana, sábado, y por 5 días estará en promoción gratuita para quien quiera barjársela y leerla del tirón.Está publicada sólo en versión digital para leerla es necesario el kindle o bajarse la aplicación gratuita que hay para i pad y otros ebooks.

lunes, 16 de abril de 2012

AGRADECIMIENTOS

No quiero dar por concluido este blog dedicado a la novela "Los conquistadores de Filipinas" sin agradecerte a ti que en este momento me estás leyendo y a todos los que durante estos meses me habéis seguido fielmente. Me ha encantado ver día a día que lectores de tantos lugares del mundo han podido acompañarme en esta pequeña aventura. Doy las gracias también a los lectores que en el futuro encuentren este blog en las veredas perdidas de internet. Ha sido un orgullo descubrir que mi novela ha interesado a personas de España, de Alemania, de Rusia, México, EEUU y tantos sitios y sé que de no haber empezado este blog ninguno de vosotros habríais leído mi novela jamás. Espero que os haya gustado.

domingo, 15 de abril de 2012

EPÍLOGO


Don Gonzalo de Ronquillo no podía sospechar que su cargo vitalicio iba a ser muy corto, tres años después de su llegada murió. Antes se vio afectado por algunos de los males que aquejaban a Sande; así cuando Lavezaris murió, quedando su viuda como heredera única de las encomiendas, intentó una ruin maniobra y propuso a la desconsolada mujer que se casara con su primo Don Diego para evitar, de este modo, que cuando la anciana falleciera esas ricas tierras pasaran a manos de los indios como era costumbre en Filipinas. La buena mujer se negó.
El doctor Sande cargó veintidós toneladas de mercancías en los barcos que le llevaban a Acapulco y estuvo en México hasta 1.592 cuando se hizo cargo del Gobierno de Guatemala por cuatro años. Acabó sus días en Nueva Granada. Su forma de actuar continuó siendo parecida a la que había mostrado en Filipinas y sus continuos desmanes e injusticias llevaron en 1.602 al visitador Salierna de Mariaca a desplazarse hasta Santa Fe de Bogotá para inspeccionar sus posesiones y su forma de gobierno. La muerte de ambos dejó abierta la investigación. Tales fueron sus desmanes y crueldad que se le conoció en esta zona como el doctor Sangre.
El cuerpo del Padre Alfaro fue encontrado cuatro días después del naufragio. Una leyenda rodea su figura. Se asegura, aún en estos días, que se enterró su cuerpo incorrupto en una pequeña aldea del sur de Sumatra y que quienes se acercan a su tumba o invocan su nombre son obsequiados con milagros sin fin.
El Padre Lucarelli fue expulsado de Macao y amarrado en la bodega de un barco que cubría la misma ruta que tomara su desafortunado amigo, llegó a Malaca y regresó con el tiempo a Macao. El capitán Juan Díaz Pardo ingresó en la Orden de San Francisco con el nombre de Fray Juan el Pobre.
 Aquilino siguió su educación y a la muerte de Ronquillo, él y sus compañeros consiguieron la anhelada libertad que nunca soñaron tener. Acompañado de Amancio, ya muy mayor y casi ciego, regresó a Nueva España y abrió una escuela para niños ayudado por los franciscanos de México. Se casó con una india y tuvieron doce hijos, murió a los setenta años rodeado de una gran familia. Mariano prefirió quedarse a predicar con los agustinos en Filipinas en cuya orden ingresó.
La ciudad de Manila continuó su desarrollo. La llegada del primer Obispo, Fray Domingo de Salazar, y la construcción de la catedral cambió la fisonomía de las calles y elevó la esperanza de sus habitantes, aunque Manila fue destruida y reconstruida en numerosas ocasiones. Sufrió ataques y revueltas de los pueblos vecinos y varias incursiones de ingleses y holandeses. En el siglo XIX se generó un fuerte sentimiento nacionalista y, a mediados de ese siglo, las agitaciones provocaron serios disgustos a los españoles, hasta que en 1.892 se desencadenó la guerra total contra España. En 1.896 los nacionalistas se agruparon en una organización denominada katipunam y desafiaron con una cruel guerra de independencia la soberanía de España. En 1.898, el Archipiélago es cedido a los Estados Unidos de Norteamérica.

sábado, 14 de abril de 2012

RONQUILLO NUEVO GOBERNADOR DE FILIPINAS 2


El relevo de poder se llevó a cabo con toda normalidad. Sande se había prometido a si mismo no demostrar la humillación que sentía y sin dilación traspasó la dirección de Filipinas y se dedicó a preparar su regreso a Nueva España. Sahajosa y Bernardino de Sande decidieron quedarse de momento en Filipinas. Don Gonzalo de Ronquillo era abordado por capitanes, soldados y habitantes de las islas; todos querían darle la bienvenida y contarle sus cuitas personales con Sande. Ronquillo era prudente en sus manifestaciones porque sabía que un gobernador siempre es criticado y lo que veía en Manila, revelaba que su predecesor no lo había hecho tan mal. Los soldados vivían en casas confortables, la fortificación de la ciudad estaba terminada, las memorias oficiales reflejaban un control riguroso del gasto, la pacificación de la tierra había avanzado, los tratos con Borneo proseguían y los muelles recibían periódicamente la visita de los buques de China.


Mientras el doctor Sande terminaba de empaquetar sus infinitas posesiones decidido a embarcar el 22 de junio, Ronquillo tocó levemente con los dedos la gran mesa que a partir de ese momento iba a ser su lugar de trabajo y admiró el magnífico armario de artesanía oriental que le había regalado su predecesor. “Todavía hay mucho que hacer” pensaba hinchando su pecho, respirando con fruición el aire de esa habitación que representaba la culminación de sus aspiraciones. En cuanto llegó había tomado las riendas de las islas y se apresuró a tomar decisiones. Una criada filipina abrió la puerta y se sorprendió al encontrarlo allí, él pidió que le trajese algo de beber y separó la silla de la mesa, se sentó y tocó la pluma y el tintero que reposaban  en una esquina. Escribiría al virrey de Nueva España y mandaría la carta en el barco que llevaba a Sande.
“Salí de Panamá el 24 de febrero… Los de esta tierra han mostrado mucho contento y muestran estar muy molestos con el doctor Sande pero, según son de mal contentos dichos hombres de Indias, otro tanto puedo yo aguardar presto y más quien comienza a picarles en la bolsa. Yo hallé a casi todos los que viven en las islas ricos y a su Majestad pobre y tanto que si no es valiéndose de las haciendas de los ausentes y difuntos no pueden sustentar el gasto que tienen. Parecióme cosa rigurosa pasar adelante con que ganen 300 o 400 por ciento de las mercancías que llevan las naves de Su Majestad sin que ellas paguen fletes ni almojarifazgo. Así me he echado al agua y les he puesto a tres por ciento de entrada y salida de este reino y 12 pesos de flete de cada tonelada; todo es bien moderado y poco, según son gruesas las ganancias…” La criada llamó tímidamente a la puerta y entró con una botella de vino y un vaso, haciendo una reverencia salió. “Estoy pensando que lo más esencial es abrir la puerta a todos para este reino. Porque siguiéndose el trato y comercio con toda la gente de todas partes siempre entrará gente de refresco en ellas. También he visto grandes ganancias que hay de las cosas de China y de esta tierra vienen algunos navíos de particulares y así probaré los medios que me parecen buenos a tal ejercicio…” Sorbió la bebida con cara de satisfacción. “Según las buenas nuevas que se van teniendo de esta tierra se puede socorrer a los que quieran venir con solo el flete y el matalotaje. Aunque a Vuestra Merced le parece no conveniente entre mucha en ella, yo no lo entiendo así porque ninguna tierra puede ser mucho si la gente es poca y ella es la que rompe la tierra, labra las minas. Especialmente aquí nunca sobra gente porque son muchas las ocasiones y están muy a la mano en qué ocuparlas. Y lo principal es la China. Yo no estoy muy fuera de ella. Si me veo con caudal de gente y más teniendo a los portugueses…” Se levantó para contemplar el atardecer, encendió un candelabro que había en una repisa y lo acercó a la hoja que estaba escribiendo. “Lo que pienso este verano es ocupar las fuerzas, aunque tengo pocas y con poca salud, en la población de Ilocos y otros condados para buscar oro, para ver qué se puede aprovechar. Se necesitan más españoles, según me certifican en la Jornada de Borneo se perdieron doscientos. También sería preciso que enviaran a un boticario, ganaría bien de comer. Y arcabuces de munición y pólvora, todo lo demás por ahora puede esperar. La mitad de los que vinieron conmigo por marineros no lo son pero los aprovecharé como soldados”. La noche se echó encima, guardando la carta en un cajón salió hacia el comedor, la risa de Aquilino sonaba por toda la casa.

jueves, 12 de abril de 2012

RONQUILLO NUEVO GOBERNADOR DE FILIPINAS 1


Don Gonzalo de Ronquillo y la expedición de pobladores pasaron las Navidades de 1.579 en Panamá. Ronquillo oteaba el horizonte cada mañana esperando ver aparecer las velas de los navíos que los llevarían por fin a su destino, pero su vigilancia era en vano. Mandó un correo urgente al virrey de Nueva España para que le proveyera de gente y completar el número inicial de pobladores muy menguado por las deserciones y muertes, en Panamá desaparecieron casi ochenta hombres más. A finales de enero, las dos esperadas naves llegaron y el júbilo del campamento fue inmenso. Todos se apresuraron a cargar lo necesario para la larga travesía y el 24 de febrero de 1.580 desplegaron velas rumbo a Acapulco, primera escala donde otro navío con cincuenta voluntarios se uniría a la pequeña flota. Habían permanecido en Panamá cuatro meses. La navegación hasta Filipinas fue más corta, tres apacibles meses y después de tantos infortunios casi no se lo podían creer, sin ningún contratiempo. El 1 de junio lanzaron las amarras en el puerto de Manila.
- Mira, Diego, lo hemos conseguido.
    Gonzalo, emocionado, no pudo evitar dar un abrazo a su primo.
    - Eh, ¿qué modales sensibleros son esos para el gobernador de estas islas?- le contestó Diego desembarazándose del abrazo. - Veo acercarse a nuestro amigo Sande y no vamos a darle el gusto de que vaya diciendo a nuestras espaldas que somos dos mujercitas.
      Aquilino, que había crecido mucho durante el largo viaje y se había convertido en un espigado muchachito con una sombra de bozo sobre su labio superior, gritaba en cubierta "hemos llegado. Por fin, hemos llegado". Amancio y Mariano sonreían y hablaban. "Creí que nunca íbamos a pisar estas extrañas tierras". "No se apresure, Amancio, que todavía estamos en el barco..." Los demás criados empezaron a sacar los baúles más necesarios, subían y bajaban las escaleras deprisa, con ganas de pisar suelo firme. Los colonos que aún estaban en la bodega cantaban, los que miraban a Manila desde cubierta se abrazaban y besaban sin importarles lo que dijeran los extraños. Las pocas mujeres que habían conseguido superar la prueba, diez en total, atusaban sus cabellos y se arreglaban los vestidos raídos y sucios. La misma algarabía se formó en el puerto. Los mercaderes chinos cerraban más sus ojos y preguntaban el motivo de tanto alboroto. Los indios iban colocándose en fila para descargar las bodegas de los barcos en cuanto tocaran los muelles.
      Gonzalo de Ronquillo tuvo el mismo recibimiento que cinco años atrás Sande; aunque éste, en contra de lo que hizo Lavezaris, fue a recibirlo al puerto en cuanto se divisaron las naves y le dieron el aviso.
      - Encantado de verle, doctor Sande. Ha sido un viaje muy trabajoso. .. En varias ocasiones pensé que no llegaríamos a Manila.
        Ronquillo se alejaba con el gobernador hacia el centro de la ciudad.
        - Vamos a las Casas Reales para proceder al traspaso de poderes.
          El gobernador vio a Don Diego pero no se molestó en saludarlo.
          - No hay prisa, desearía escuchar primero una Misa en agradecimiento a la bondad del Señor que nos ha traído sanos y salvos hasta ustedes. Hay un religioso franciscano, el Padre Alfaro, al que conocí en Sevilla que me gustaría ver. Quizás él quisiera oficiar la ceremonia.
            Don Diego gritó a Aquilino que dejara de hablar. Los dos hombres se volvieron y los ojos de Don Gonzalo expresaron un mudo reproche.
            Mucho me temo que eso no será posible. El Padre Alfaro se encuentra en Macao, en China. Es una larga historia que después, si le place, le contaré. No obstante, el Prelado de los agustinos, Fray Agustín de Alburquerque, se considerará honrado de celebrar la Santa Misa.

            miércoles, 11 de abril de 2012

            EL PRIMER MONASTERIO FRANCISCANO DE CHINA 6

            Las lágrimas corrían por las mejillas del italiano, su cuerpo se inclinó entre sollozos hasta posar sus rizos negros en los pies de su amigo, de su superior, del Padre Alfaro.
            El barco donde montó Alfaro era pequeño y estaba abarrotado de pasajeros y mercancías. El trayecto hasta Malaca se vislumbraba largo y peligroso. Se alejaron de las costas de China con buen tiempo, el Padre Alfaro había llevado consigo a Fray Jacinto, el hermano que mejor conocía la lengua china y que le había servido de intérprete en tantas ocasiones. Pasaban las horas rezando y hablando con los compañeros de travesía. Las gallinas cloqueaban en las jaulas que cubrían la cubierta y los puercos tiraban con fuerza de las sogas que los sujetaban. Fray Jacinto, divertido, jugaba con los niños mientras Alfaro prestaba atención a las historias que le contaban hombres y mujeres, comprendiendo cada día un poco más de esa extraña tierra que tantos disgustos le estaba dando. Cuando los dos frailes se arrodillaban mirando al cielo para rezar, la chiquillería entre risas los imitaba, creyendo que se trataba de un juego más. Los niños copiaban sus gestos, hacían sobre la frente y el pecho la señal de la cruz y emitía murmullos inteligibles que se suponía eran las oraciones. Los padres se acostumbraron pronto a estas bromas inocentes y los dejaban hacer. Alfaro los miraba con simpatía y fabricaba rosarios con granos de arroz e hilos de seda, uno para cada niño.
            El tiempo empeoró al acercarse a la gran isla de Borneo. Una gran tormenta los envolvió. Las olas ahogaron a las gallinas y los gritos de las mujeres que aferraban a los niños no cesaban. Dejaron a los animales en cubierta y se amontonaron como pudieron en las bodegas pero el barco era demasiado frágil para los rigores de esa mar embravecida, el agua se colaba entre los maderos. En medio de la noche, el piloto no pudo ver lo cerca que estaba de los arrecifes. El ruido del barco al chocar con las rocas fue como un rugido furioso; el agua resquebrajó la madera entrando en tromba en las bodegas, los chillidos estridentes de los niños y los gritos de dolor de los heridos se confundían con el sonido del huracán. Todo fue muy rápido, el barco se inclinó y se hundió en las negras aguas turbulentas. El padre Alfaro sintió la punzada de la roca traspasar su costado tiñendo de rojo el hábito de tela parda y desgastada. Malherido cogió a una niña que lloraba a su lado y por la abertura del casco nadó hacia la superficie, le pesaba la ropa, tocó una jaula que flotaba con varias gallinas muertas y agarró los bracitos de la pequeña a ella. No podía respirar, las olas lo zarandeaban, se alejaba de los restos del barco hundido. Agotado por el esfuerzo y la sangre derramada, perdió el conocimiento y descendió con dulzura hacia las profundidades marinas.